miércoles, 26 de septiembre de 2012

Capítulo 10: La caída de los gigantes.

Después de todo un verano, regresé.

Buenas nocheeeeeeeeeeeees. ¡CHANCHANCHÁN! Yo soy como las series de televisión, vuelvo en septiembre jajaja. Bueno, ya había explicado anteriormente el motivo de mi ausencia, que resume básicamente en que no he tenido ni el tiempo ni la idea para escribir el capítulo que yo hubiese querido. Quería hacer algo un poco más... especial y... NO LO HE CONSEGUIDO. Es más largo, con diferencia, y creo que os dejará un poco intrigados a ver... Prometo ponerme las pilas y publicar pronto, aunque (lo aviso) soy muy muy empollona, quiero decir que una vez empieza el curso apenas me da tiempo a mirarme la nariz. Sin embargo, por vosotros lo intentaré jajaja. Por cierto, hago un poco de publicidad para mi gran amiga y mi fan número uno, Carol, que ha abierto un blog nuevo súper interesante y os animo a todos a ver. Aparece a la dcha. en mi lista de blogs imperdibles. Se llama Bethkatil. VISITADDDDDLO JIJI.
Bueno, sin más, espero que mi regreso sea merecido, que lo disfrutéis mucho mucho y pronto tendréis a Jay y Kathleen en directo con varias pequeñas-grandes sorpresas
UN BESAZOOOOOOOOOOOO<3
El despacho de Warwick Plassmeyer era tan inquietante y misterioso como el director en general. Las paredes tenían un color anaranjado algo grisáceo. No era un tono limpio, al igual que la persona a la que le gustaban aquellos colores. Quizás con los muebles y objetos decorativos adecuados el color de la pared habría pasado más desapercibido, pero, por el contrario, el resto de la decoración era aún más curiosa: la habitación estaba enriquecida por una serie de muebles de caoba, de seguro carísimos, negros como el carbón y de formas asimétricas. Sí, es cierto que las cinco estanterías que formaban el conjunto estaban cubiertas de libros sobre psicopedagogía, logopedia, y acoso escolar; pero los cuadros de las paredes eran góticas imágenes de animales degollados, cuervos negros, sombras y sangre. Sobre la mesa había una larga lista de libros de terror gótico, apilados, y, en la única zona libre que quedaba en la pared, estaban colgados el cuerno de un elefante, un gato montés disecado y una cabeza de búfalo. Debajo se podía ver al director con su rifle de caza.
-Me gusta cazar en mis ratos libres, ¿a usted no, Gray?
-No… No mucho señor director.
-A mí tampoco me gusta mucho que desobedezcan mis órdenes- se podía percibir el enfado en su voz- Vamos a ver, Gray, Dennison, ¿yo qué les dije?
-Que no podíamos ser amigos, señor director- respondió Jay titubeante.
-Pues, entonces, ¿me explican qué hacían los dos de escapadita romántica a horas inoportunas? ¡No me digan que, ya me han desobedecido del todo y se han tocado!
-No… Don Plassmeyer… Sí le hicimos caso…
-A medias. Sí, la orden más importante la cumplieron, pero ¿no comprenden que si son amigos y pasan tiempo juntos corren el peligro de rozarse?
-Es que no somos amigos. Sólo que ambos paseábamos y nos encontramos. Hemos venido andando juntos como veinte metros.
Jay miró con tristeza a Kathleen. Esperaba que aquel comentario fuera fruto únicamente de la mentira.
-Les creeré, pero les juro que como los vuelva a ver juntos, los echo a patadas a sus casas. ¡No entienden el peligro que corren con lo que están haciendo!- pegó un golpe en la mesa y se levantó- Gray, Dennison, pueden irse.
Ambos salieron un poco cabizbajos y se marcharon de vuelta a sus dormitorios. Como el dormitorio de Jay estaba en el pasillo paralelo al de Kath, tuvieron que subir por la misma escalera.
-Kath… Esto…
-Shhh- e hizo el típico gesto de llevarse el dedo índice sobre los labios- Mañana es sábado, así que iremos a la ciudad. Allí hablaremos.
-Pero allí estará Abby… O Callum… O quién sabe…
-Ya encontraré yo la forma de distraerlos. Ahora, vete.
                                                                      --
-Podrías venirte a mi casa este fin de semana, ya lo sabes. No hace falta que te quedes aquí- le dijo Keegan a Sissie, acariciándole el pelo con suavidad.
-No me gusta la idea de dormir en la misma casa que tú, ya lo sabes. Además, me apetece quedarme y estar con Kathy y Abby. Me preocupa dejarlas solas, sospecho que el Internado terminaría por los aires.
-Kath y Abby. Kath y Abby… ¿Y Keegan qué?- preguntó fingiendo un tono melodramático, lo que provocó la risa de su novia.
-Keegan, te seré sincera. Algo no está bien. No sé lo que es. A Kathleen la envuelve un halo de misterio que me preocupa realmente. Y a Abby parece que también, porque trata por todos los medios de descubrir algo acerca de ella. El otro día la pillé sola en nuestro cuarto encima de la cama deshecha de Kathy, y buscando con ahínco en uno de sus cajones; y ayer la encontré siguiendo a Kath a las afueras del Internado. Si no llego a pararla, la sigue hasta dondequiera que fuera.
-Bueno, ¿qué pasa, que Abigail y tú sois Sherlock Holmes y Watson o algo?- masculló Keegan, ahora realmente enfadado.
-Noooooo, cariño- Sissie se le acercó un poco más y le dedicó la más tierna de sus sonrisas- Créeme que sólo estoy preocupada porque algo no anda bien; sospecho que el pasado de Kath encierra algún secreto. Necesito tiempo para conseguir que ella me cuente algo más y para evitar que Abby siga husmeando su espacio personal a sus espaldas.
Keegan trató de esbozar una sonrisa, aunque realmente comprendía más bien poco.
-¿Sabes? No hacía falta que te molestaras en desmentir el tópico de la rubia-tonta-superficial; yo ya sabía lo inteligente y dedicada que puedes llegar a ser.
Le dio un beso corto.
-Te prometo que otro fin de semana iré a verte a tu casa- lo abrazó y le besó, esta vez más pausadamente- Ahora vete, tu madre te espera en el coche. ¡Luego te llamo!
Keegan corrió hacia el coche mientras su novia lo despedía agitando la mano, de una forma que le resultó simplemente deliciosa.
Una vez el coche se encaminó hacia la carretera, Sissie se dirigió hacia el autobús. Abajo estaban sus amigos.
-Abby…- la aflautada voz de Callum sonaba débil y minúscula detrás de la pelirroja- ¿Quieres sentarte conmigo en el autobús?
Abby se giró un poco brusca y le dedicó una mirada cargada de odio. Aquella mañana estaba de mal humor, si es que alguna vez estaba de buenas.
-Michael Jackson, ¿me has visto escrito friki en la frente? ¿No, verdad? Pues entonces mejor ve a preguntarle a alguna maceta si se quiere sentar contigo y déjame en paz.
-¿Por qué le dice Michael Jackson?- le susurró Kathleen a Vanessa.
-Abby tiene habilidad nata para los sobrenombres- le contestó esta, en un tono menor si era posible- Callum cantó el año pasado “Thriller” en el karaoke de final de curso, y como tiene el pelo a lo afro, se le quedó lo de Michael Jackson. Después de todo debería estar agradecido, antes lo llamaba “Mister Forúnculos”.
-¿Y por qué consentís que sea así de desagradable?- el tono de Kath empezaba a elevarse- Verás ahora. ¡Eh, tú, zanahoria!- se acercó a grandes pasos hasta estar a un escaso medio metro de su compañera. Ésta la recibió con una mueca de asco.
-¿Quieres un autógrafo, Ojos de Moco?
-No, sólo quiero que le pidas perdón al chaval.
-¿Es que acaso se ha enterado que fui yo la que le pintó bizcocho marica en la colcha?
-No, pero tienes el tacto de un camión, y no me da la gana de que insultes al chico delante mía. Porque si tuviéramos que reírnos, podríamos empezar por tu cara, que parece un mapa con tanta peca.
-¡Oh, ya saltó la guapa del grupo! Mira, rubia, si tienes complejo de abogada defensora, te vas a un bufete a soltarles tu parrafada sobre moralidad, porque tengo cosas mejores que hacer que estar mirándote la jeta de gilipollas que me gastas.
-Yo tampoco tengo ganas de encontrarme tus bragas llenas de mierda por el suelo y me aguanto.
La piel lechosa de Abby comenzó a inflamarse, hasta tener un color prácticamente idéntico al de su pelo.
-¿Qué has dicho, Ojos de Moco?- se abalanzó sobre ella y la agarró del cuello. Kathleen le respondió tirándole del cabello, hasta quedarse con un mechón en la mano. A esto le siguió un duro puñetazo de Abby en el costado y un par de patadas de Kath en el estómago.
-¡GRAY, RUMSFELD!- el chirriante grito de Ida les llegaba desde la puerta de entrada, pero ellas seguían en lo suyo.
Jay, asombrado por la fuerza de Abigail, corrió a separarlas, llevándose a Abby por volandas al interior del vehículo.
-¿Qué haces? Ya casi la tenía ya…- podía oírsele farfullar.
-Voy a sentarte conmigo. Eso si querrás, ¿no?- la soltó encima de un asiento y se colocó a su lado.
Al segundo entraron todos los demás, que se habían quedado a presenciar la pelea ya terminada.
Sissie apareció y se sentó delante de Jay y Abby, y poco después apareció Kathleen, toda despeinada y con una mejilla amoratada, seguida de los exasperantes gritos y amenazas de la Applewhite.
El viaje transcurrió aparentemente relajado, aunque la tensión podría cortarse con cuchillo.
A su bajada, les esperaba la gran reprimenda de la prefecta, que los castigaba con que regresaran una hora antes de lo habitual debido al incidente ocurrido.
La gente comenzó a dispersarse. Se quedaron solos Callum, Louis (otro compañero de clase), Vanessa, Sissie, Jay, Abby y Kathleen.
-¿Qué plan tenéis? Yo voy a ir a visitar una exposición de arte por el centro- comentó Vanessa, intentando calmar el ambiente.
-Guay, lo cuentas como si nos interesara- la respuesta cortante de Abby vino acompañada con un mohín de desagrado.
-Quizás a alguien sí- le reprochó Callum- Yo por lo menos me voy con ella, claro está, si no te importa Vanessa.
-No, por mí encantada. Ven, vamos a aquella parada y cogemos el autobús.
Ambos se marcharon, charlando animadamente.
-Dios los cría y ellos se juntan- resopló Abby- Al final va a tener razón tu novio, el celestino, y esos acaban liados.
-Podrías mostrar un poco de respeto al hablar- le recriminó Kathleen.
-Y tú podrías cambiarte de país y tampoco lo haces.
Ambas se devolvieron miradas de desprecio.
-Ya está- Jay se colocó entremedio de las dos, mirando hacia Abby- vais a dejar de comportaros como dos crías y a intentar, al menos, soportar a la otra sin regalarle una mirada asesina.
-¡Pero…!- se quejaron las dos.
-Ni peros ni nada- las cortó Sissie, que había permanecido ajena a la conversación- haced caso de lo que os dice Jay. Por cierto, yo voy a ir al Harrods, tengo que comprar un par de cosas, ¿os venís?
-Yo quiero ir a la librería que hay al final de la calle ésta. Tengo ganas de comprar un libro.
-Ah, yo te acompaño, Kathy- se apresuró a contestar Abby, cogiendo del brazo a Kathleen, ante la mirada de incredulidad de sus compañeros- ¿Qué? ¿No queríais que nos lleváramos bien?
Así que Sissie se marchó hacia la parada de autobús donde aún esperaban Callum y Vanessa, y los demás se dirigieron hacia la librería. En realidad, Jay sólo quería hablar con Kath, y le había pedido a Louis el favor de que distrajera a su amiga dark.
-Buenas tardes- proclamó Louis cuando entraron en la tienda, ya que estaba aparentemente vacía.
Tampoco hubiera sido imposible que no se hubiese enterado el librero. La librería era una inmensa habitación con dos plantas repletas de pasillos, de los cuales se desprendía un olor a tinta y papel. En la zona final de la primera planta había también un apartado para la música, mientras que en su paralela de la planta superior se amontonaban miles de millones de películas sobre un antiquísimo aparador.
De repente, detrás del gran mostrador se abrió una puerta y apareció la que parecía ser la dueña de la librería. No medía más de un metro y medio, así es que se le veía poco más que hasta la nariz. Tuvo que sentarse en el taburete y entonces los chicos pudieron observarla detenidamente: tenía el pelo tan blanco como el azúcar, recogido en un despeinado moño a la altura del cogote. No pesaba más de cuarenta y cinco kilos, y parecía que la piel no era más que un fino adhesivo sobre los huesos. Además, entre su nariz aguileña, su boca prieta y desdentada, y su chepa, podríamos definirla como una bruja. Bueno, no, lo que realmente le daba ese aire de bruja eran sus minúsculos ojos grisáceos, escondidos tras unas pesadas gafas de pasta. Aquella mirada hubiera inquietado a cualquiera.
-¿Les puedo ayudar, jóvenes?- su voz era fina y pausada. Pronunciaba cada palabra relajadamente, como si las estuviera saboreando.
-Sí, verá, venimos a comprar algunos libros- le contestó Jay.
-Oh, claro, lógicamente, joven- su mirada se tornaba cada vez más extraña- Díganme, ¿qué títulos buscan?
-Bueno, ya que he venido… Cuentos Macabros, de Edgar Allan Poe, y Los crímenes de Oxford, de Guillermo Martínez.
Lo extraño hubiera sido que Abby hubiese preguntado por A tres metros sobre el cielo, o Crepúsculo. Su gusto por el terror gótico (bueno, por el terror y el suspense en general) era otro de sus vínculos con el director, parecía.
-Segunda planta, el tercer pasillo.
Abby se encaminó hacia la escalera.
-Supongo que la bibliografía de Poe está toda arriba, ¿no? Así que yo también voy arriba- comentó Louis, y le guiñó un ojo a Jay mientras subía hacia la segunda planta también.
-Vaya vaya… Nada más quedan ustedes dos. ¿Vienen buscando algo para leer en pareja?
-¿Qué? No, nosotros no…- dijeron los dos a la vez, confundidos.
-Ah, perdón, impresiones mías… Tienen que perdonar a una vieja con gafas- su mirada volvía a adquirir aquel brillo extraño y atemorizante- Es que ambos se parecen tanto…
-¿Nosotros?- volvió a inquirir Jay. Sus castaños ojos reflejaban la sorpresa y a la vez la excitación que le estaba produciendo la conversación
-Sí… el mismo pelo rubio… el mismo cuerpo esbelto… la misma sonrisa… ¿son hermanos, pues?
-¿Qué?- repitió, esta vez Kathleen- ambos somos huérfanos.
-Mmmm…- la sonrisa de la anciana se fue deformando hasta transformarse en una especie de mueca- Ya veo, ya… ¿Cómo os llamáis?
-Kathleen y Jay, ¿pero a qué viene tanta pregunta?
-Oh, perdón, qué maleducada soy. Mi nombre es Isabelle. Solamente es que mi hermana perdió a sus hijos mellizos cuando nacieron, y no puedo evitar hacer preguntas inadecuadas cuando conozco a alguien que es huérfano.
Silencio tenso. Ni Kath ni Jay entendían por qué aquella extravagante mujer les estaba contando su vida.
-Bueno, ¿dónde está el libro La caída de los gigantes, de Ken Follet, señora Isabelle?- dijo Kathleen tratando de romper aquel incómodo momento.
-Sí, quinta estantería- le respondió ésta distraídamente. Isabelle se bajó de su taburete y volvió a desaparecer tras el mostrador.
Kathleen se dirigió a la estantería que la librera le había indicado y se perdió tras los tomos de los libros que allí descansaban apilados. Cuando por fin hubo encontrado el ejemplar que andaba buscando, se decidió a retirarlo. Cual no fue su sorpresa cuando al otro lado del hueco que había dejado apareció un ojo marrón chocolate y la mitad de una perfecta nariz.
-¡Jay! ¡Qué susto me has pegado!
-¿Te cuelas en cabañas encantadas y ahora te asusta un ojo?- le respondió él, entre risas.
-Bueno, pero que eso es distinto… Además, yo de ti me apartaba porque la pelo zanahoria está ahí encima- y señaló encima de sus cabezas.
-Tranquila, ya me he encargado yo de distraerla.
-¿Qué? ¿Para Louis y tú habéis…? Oh. ¿Y qué le has ofrecido a Louis a cambio de este pequeño-gran favor?
-Una cita contigo- tras la cara de espanto de su interlocutora tuvo que confesar la verdad- nada, Louis lleva tiempo detrás de mi sudadera del Manchester United. Tan sencillo como ofrecérsela.
-Me gustaría saber qué le está haciendo a Abby.
-Ya lo averiguaremos. Ahora, date la vuelta que tenemos que hablar.
-Pero, ¿aquí? No sé si…
-¡Kathleen! Voy a perder mi tesoro más preciado por esta conversación, así que no ignores el tema.
Kathy obedeció como una niña buena y se dio la vuelta. Se quedó a más de medio metro de distancia de su compañero, aunque realmente quisiera acortar ese espacio hasta eliminarlo.
-¿Qué quieres que hablemos?
-He estado pensando.
-¡Bravo! No sabías que pensaras.
-Kath, esto es serio. Creo que para descubrir algo tendríamos que empezar por descubrir a “alguien”.
-¿Estás hablando de nuestro supuesto colaborador?
-Sí… Si tenía todas las pistas que encontramos en la cabaña, está claro que conocía bastante bien a Gill y Cedric. Quizás tenga algo más, algún dato que pudiera servirnos.
-Me parece genial tu idea, pero, sólo tengo una pega: ¿por dónde quieres que empecemos a buscar, señor Holmes?
La conversación había pasado a ser poco más que un susurro, pero un susurro perfectamente perceptible para unos oídos que se escondían un par de estanterías más atrás.
-He pensado que podríamos volver a la cabaña y dejarle alguna señal para que sepa que nosotros también estamos al tanto de sus movimientos.
-Vaya… Inteligente idea. Por cierto, ¿no hace un poco de calor aquí?
-Sí… Soy yo. Suelo provocar subidas de temperatura cuando estoy asustado.
-¿Y de qué estás asustado?
“De tu cercanía, ojos verdes”, pensó, pero a ella le dijo:
-Pues por todo lo que está pasando… ¡Oye!
-¿Qué ocurre?
-Nada… Es sólo que… Me pareció ver a alguien observando por el hueco que has dejado libre al retirar el libro.
Kathleen se colocó de puntillas y asomó su mirada a través de la rendija. La paseó también por la habitación. La única persona que estaba en aquella planta baja, Isabelle, se encontraba al final de la sala.
-Te estás sugestionando, Jay.
-Eso será- contestó, no muy convencido. A Jay sus ojos nunca lo engañaban- Bueno, ve a pagar eso. Yo me marcho, nos vamos en media hora y me apetece ir a comprar un bollo. Por no hablar que ésos dos estarán por bajar.
Se despidieron y Jay se marchó. Kathleen se acercó al mostrador, donde la esperaba la librera, toda mieles ahora. No sabía lo mucho que conocía aquella “extraña” sobre ellos.





  




martes, 25 de septiembre de 2012

CUESTIONARIO ;)

Nominada por carolpiscis1803.

1-¿Cuál es tu color favorito?
Mmmm... rosa y azul noche.

2-¿Por qué has creado el blog?
Desde pequeñita he sido una rata de biblioteca y una cuentacuentos alocada. Es por eso que siempre he querido compartir mis historias con la gente, llegarles de la misma forma que mis autores favoritos me llegan a mí.

3-¿Cuál es tu sueño?
Pues... Ser una buena persona, creo yo. Tener una familia tan maravillosa como la que tengo hasta ahora, poder seguir estudiando para lograr sacarme la carrera que quiero, y por supuesto hacer algo bueno por el mundo siempre que pueda (como buena cristiana jaja)

4-¿Un  deporte arriesgado que te gustaría hacer?
No soy muy deportista, aunque sí una "cagueta"; me quedaría con ala-delta o paracaidismo si tuviera que elegir algo.

5-¿Cantante favorito?
Taylor Swift y El Jefe (mi grandísimo y adorado Bruce Springsteen).

6-Libro preferido:
Pueeeeees obviamente la maravillosa trilogía de Los Juegos del Hambre, de mi idolatrada Suzanne Collins; la Saga Divergente, de mi amada Veronica Roth; Fairy Oak y Matilda, mis libros de infancia; Manolito Gafotas, El Negocio de Papá, mi adorada serie de libros Molly Moon, La muerte lenta de Luciana B. (aún no sé ni cómo terminé leyendo este libro xD), Sabrina:1-El mundo:0 (un poco de click lit en la lista), A tres metros sobre el cielo, Carolina se enamora, para añadir romanticismo adolescente al potaje de libros; las Crónicas de Narnia, Calvina, El niño con el pijama de rayas, El secreto de Lucía Morke, The Giver: El Dador de Recuerdos, Querido Nadie... y etc etc etc

7-Canción favorita:
Pfff... Pues todas las de Taylor Swift y Bruce Springsteen son especiales para mí. También "Over my head", "You Found Me" y "How to Save a Life" de The Fray, muchas (no cito ninguna, seguro que me olvidaría algo) de Fito y Fitipaldis y Queen, "Bendita tu luz" de Maná, "Because you loved me" y "My heart will go on" de Céline Dion, "Moments" de 1D xD, "Rubik's Cube" de Athlete, "Perfect" (el cover de Glee), la banda sonora de LJDH... Soy una fanática de la música, qué le hago jaja.
8-Frases que te gusten:
Muchas, las que más: "Los objetos fueron creados para ser utilizados y las personas para ser amadas. El mundo va mal porque amamos a los objetos y utilizamos a las personas", un proverbio chino y "La vida es injusta, princesa, y el que te diga lo contrario está tratando de venderos algo", de una película.

9-¿Qué es lo que más te gusta de tener un blog?
Poder descubrir personas con mis mismas inquietudes, historias fascinantes, compartir una parte de mí, mis pensamientos y mis historias en este rinconcito loco.

10-¿Tocas algún instrumento?
¿Cuenta la flauta en el colegio? xD Si no, sé tocar el himno de Andalucía con una única mano en el piano (qué le vamos a hacer, los genes musicales los tiene mi hermano).

11-¿A qué país te gustaría viajar?
Pues a TODOS. Veeeeenga, escojo: los países europeos en su mayoría, exceptuando la parte del Mar Negro, EEUU, Canadá y añguna isla por ahí, como Mauricio.

12-¿Te gustan las pelis románticas?
Soy una completa friki de este género.

13-¿Hobby preferido?
Leer, escribir, dibujar, la fotografía, el teatro y el cine, estar con mi familia y mis amigos.

14-¿Cuál es tu estación favorita?
Pues todas me gustan un poquitito por algo. Me quedo con el verano (porque no hay instituto y tal) y el invierno (adoro usar gorritos, llamadme tonta pero es así) xD.
Gracias a Carol por nominarme y yo nomino... No sé, ¡a quien quiera hacerlo! :D

martes, 28 de agosto de 2012

PERDÓN.

Hooooola cariños :) Siento muchísimo el retraso, ahora lo explico...

Bueno, lo cierto, tampoco tengo nada concreto "que explicar". Simplemente, empecé el capítulo 10, y llevaba poco más de media página, pero como me sentía poco inspirada; pues lo dejé aparcado unos días.
Así que decidí leer un poco, que tengo una laaarguísima lista de "Libros Olvidados" que se suponía que me iba a leer este verano. Estuve liada con "Divergente" (novela que me encantó y os recomiendo totalmente), y su segunda parte, Insurgente (que aún no ha salido al español "oficialmente"). Ahora estaba liada con "La Huésped", la otra novela de Stephenie Meyer, la autora de Crepúsculo que, en mi opinión en muchísisisissisisimo mejor. En fin, total, que he estado liada entre fiestas, salidas fuera, y muchas otras cosas, no solo la lectura, que no me han dejado tiempo para que pase de la casi página que tengo escrita. También, por qué mentir, no sabía si continuar publicando o no: ¿hay más de dos personas que lean esto que me sigan, y les guste, y quieran que continúe y...? Total, que no sé si es que la novela es malísima, o que tampoco me he dado mucho a conocer jajajajaaj.
Tras pensarlo mucho, tengo clarísimo que sí publicaré algo. Más que nada porque Carol (carolpiscis1803) como ya he dicho muchas veces, sí que visita el blog, me comenta, y me pide que suba más capítulos. ¡Gracias por enésima vez, bonita! :) Y por si hay alguien más que me lee, que yo creo que sí...
Total, lo realmente importante: subiré capítulo, pero no esta semana. Lo sieeeeeeeento, pero esta semana es la Feria de mi pueblo (no sé si fuera de Andalucía se estila hacer ferias, si no, os podéis hacer una idea con la famosa Feria de Sevilla: gente comiendo, bebiendo y bailando todo el día xD). Mis planes eran publicar al menos un capítulo o dos antes de esta semana, pero por todo lo que he explicado no me ha sido posible. Prometo que la semana próxima, me liaré otra vez a escribir como una loca para publicar esos dos capítulos antes de que empiece el instituto...
Por cierto, felices vacaciones (o lo que queda), disfrutad, sed felices, y nos "leemos la semana que viene ;)
Muaaaaaaack

Julia

viernes, 3 de agosto de 2012

Capítulo 9: Otro nuevo descubrimiento.


Miiiiiiiil perdones por mi retraso. Sí, I know it, dije que publicaría el lunes, pero ahora he estado un poco enfrascada en "arreglar" el blog. El primer cambio importante: el estilo. "¿JULIA QUÉ HAS HECHO CON EL BLOG?", os preguntaréis todos. Vale, ni yo misma lo sé t.t. Simplemente, el estilo anaranjado y marrón, como que sentía que no iba con la temática de mi blog. Lo que he hecho tampoco es lo que tenía en mente, pero creo que va más con la temática. ¿Os mola? :) (Espero que podáis entender lo que pone). Después, siguiente cambio: he añadido una nueva pestaña, "Personajes". En fin, tenía ganas de hacer algo así, y si hay nueva gente que le eche el ojo al blog, podrá tener un poco más de idea. Iré añadiendo nuevos personajes conforme salga. He toqueteado más por ahí, pero creo que lo más significativo es esto. SIGUIENTE PUNTO IMPORTANTE: No solo no subí el capítulo el lunes por eso, también porque me encontraba (y creo que encuentro) en un momento "sin-inspiración". Al final, me ha gustado como me ha quedado este capítulo, y lo he hecho hasta algo más largo. Pero me he encontrado un par de días que hasta se me pasó por la cabeza borrar el blog. Pensaba: "¿de verdad, alguien lee esto? ¿a alguien le gusta mi historia?". Pero después pensé que yo no quiero hacerme famosa, solo quería compartir una historia que se me ocurrió con la gente, y, aunque sea solo para Carol, seguiré subiendo capítulos, jajaja ;D Gracias al que me lea (si es que hay alguien), perdón por este testamento, y, ahora sí, disfrutad del capítulo:

-… Y entonces se giró y me dejó así, con la frase en el aire- terminó de relatar Jay a su amigo Keegan.
-Una chica dura de roer, sí. Pero creo que solo está dolida porque a ella también le gustas tú. ¿Qué tal si… Si te declaras, eh, donjuán?
-Es que… Ella y yo no deberíamos ser amigos. Una larga historia- se apresuró a responder ante la cara de interrogación de Keegan.
-Vaya, qué dos patas para un banco. Bueno, tú déjame que haga un poco de celestina, que me hace ilusión, ¿no? Y venga, tío, que es lunes y a primera tenemos a la O’Connell. Prefiero que me arrolle un camión antes que tener que volver a llegar tarde.
Los dos amigos salieron corriendo hacia la clase.
Jay, tan cabal como siempre, se quedó dudando sobre qué locura se le ocurriría a su compañero para juntarlo con Kathleen. No sabía muy bien qué plan tan sencillo tenía; que puso en marcha en cuanto salieron de clase:
-¡Sissie, espera!- la llamó, corriendo a acercarse a su lado.
Sissie le dio un beso rápido.
-¿Qué te ocurre?
-Es que sabes lo que pasa… Pues que hoy tenía ganas de hacer de Cupido…- e inclinó la cabeza hacia atrás, señalando a Jay y Callum, que venían hablando con Vanessa
-Ya intentaste el año pasado lo de Callum y Vanessa, y no funcionó. ¿Por qué iría a funcionar ahora?
-No, no, ellos no… - y siguió inclinando la cabeza hacia atrás.
-¿¡Jay y Callum!?
-¡No, Cecilia, no!
-Keegan, como vuelvas a llamarme Cecilia te capo, ¿lo sabes, no?
-Sí, vale, está bien, no te salgas del tema. A ver, cariño, concéntrate- dijo, exasperado- Jay y…
-Ah… Vale, vale: ¡Jay y Vanessa! No sé, ¿no será muy sosa para él?
-Dios mío… ¡Jay y Kathleen!
-Vale, cielo, no hace falta que me grites así, no soy tonta. ¿Cuál es el plan?
-Menos mal que eres guapa- la abrazó y, camino al comedor, le fue relatando un plan tan sencillo y a la vez tan meticulosamente urdido.
                                                              --
Kath se encontraba tendida sobre su cama, enfrascada en la lectura de un aburridísimo libro sobre la mitología griega para la clase de Cultura Clásica, cuando su amiga Sissie irrumpió en la habitación.
-Hola. ¿Está Abby?
-No… Ha salido a por… A por una taza de café. ¿Qué te ocurre?
-No… Nada. ¿Recuerdas la fotografía de la que me hablaste que habías encontrado y que querías enseñar a Jay?
-Sí, pero entiende que después de lo que pasó ayer no lo voy a hacer.
-Es que… Quizás sea bueno porque ya te dije que me preocupaba tu historia con la de Gill y Cedric.
-Sissie…
-Ya lo he avisado y te está esperando en el bosque, así que coge la foto y corre.
-¿¡QUÉ!?
-Shhhht, venga, corre- y la empujó hacia la puerta.
En realidad, el plan consistía en convencer a Kathleen de alguna manera para que fuera al bosque, donde Jay la esperaría para hablar y así no los molestaría ninguna pelirroja entrometida. Pero, viendo lo mal que le salió engañar a la bibliotecaria, Sissie decidió convencer a su amiga con algo que realmente fuese cierto y, aunque ella no lo sospechara, aquello sería lo que los ayudaría en gran parte.
                                                     --

Kathleen tenía muy claro que su amiga Sissie se llevaría una buena bronca a la vuelta, pero ahora tenía que apresurarse para llegar al sitio donde “supuestamente” ella había quedado con Jay. Llegó y allí, debajo de un árbol de tronco grueso, la esperaba Jay con las manos metidas en los bolsillos traseros de sus vaqueros.
-Vaya, Kath, pensé que no vendrías.
-Y no iba a hacerlo, pero Sissie insistió en que ya había hablado contigo sobre la foto.
-¿Qué foto? Yo creía que venías a aclarar lo de Abby.
-Vale, nos han engañado…
-Ya puestos, explícame qué es eso de la foto- dijo poniéndose en posición de interrogación.
Kathleen resopló y se sacó del bolsillo un papel doblado y algo polvoriento. Lo desdobló y le mostró una foto con un color arenoso, debido al tiempo. En ella se veía a un chico de sonrisa bonita y ojos azules en un primer plano. Detrás de su hombro, aparecía una chica rubia y guapa, mirándole cariñosa.
-La encontré en una cabaña que hay cerca del bosque. Por varias “visiones” que he tenido, creo acertar que éstos chicos son Gill y Cedric y cuando desaparecieron lograron esconderse ahí.
-Me suenan sus caras- acertó a decir Jay. Él también los había visto alguna vez en recuerdos suyos- pero no entiendo para qué tendríamos tú y yo que averiguar cosas sobre estos chicos.
-Tengo un mal presentimiento, Jay. La leyenda de estos chicos se asemeja mucho al inicio de nuestra historia aquí. ¿Y si, como a ellos, alguien intentara hacernos daño? Quizás después de todo, Warwick trate de protegernos. Quizás si mantenemos cierto contacto alguien nos ataque…
-Bueno, vale, no te montes tanta paranoia. ¿Qué piensas hacer?
-Pues quiero encontrar a Gill y Cedric.
-¿Qué? Pero, ¿aún no te has enterado que están muertos?
-Que los dieron por muertos, no que realmente lo estén. Nadie encontró nada lo suficientemente claro como para demostrar que lo estuvieran. Después de encontrar la fotografía, tengo el presentimiento de que… No sé… De alguna forma, ellos consiguieron huir lejos de aquí y que no los encontraran.
-Y, ¿cómo los piensas localizar?
-Investigando- y se dio media vuelta, caminando hacia la cabaña que había descubierto no hacía tanto.
Jay la siguió. Entraron en la cabaña y él se quedó paralizado. Tenía un recuerdo: vio, en esa misma cabaña, al chico y la chica  de la fotografía. Ambos estaban acurrucados en el suelo y tapados con una manta. Jay podía notar perfectamente el frío de aquella noche, pero también notaba el “calor” que irradiaba el chico. “No te preocupes, Gill, dentro de un rato saldremos de aquí”. “¿De verdad te crees que podremos llegar sin que él nos encuentre?”. “No nos queda de otra”.
-Jay…- Kathleen se puso delante suya y empezó a manotearle para sacarlo del trance- ¿En qué piensas?
-En que tienes razón.
-¿En qué?
-Pues en todo: en que los chicos de la foto son Gill y Cedric, en que no murieron, en que estuvieron aquí antes de huir y en que también eran chicos especiales.
-Vaya… ¿Y cómo lo has sabido?
-Eso no importa, Kath, lo importante es que sí tenemos que descubrir algo más sobre ellos. Se parecen demasiado a nosotros.
-Vale… Busca algo, no sé, lo que sea que pueda ayudarnos.
Ambos se pusieron manos a la obra. La búsqueda no fue muy fructífera, que digamos. La cabaña estaba en mitad de un páramo frío y desolado del bosque. De seguro allí no había entrado nadie en varios años, incluso alguna década. Lo más misterioso que Kathleen fue capaz de encontrar era un pedazo mohoso de musgo que se colaba por una de las múltiples grietas del techo. A Jay no le fue mucho mejor: examinó todas las latas vacías de comida industrial, donde lo “raro” reparaba en que apenas estaban oxidadas. La leña no escondía ningún secreto, y la manta de los cervatillos tenía un millón de pelotillas, pero nada interesante.
Cuando ya se disponían a salir, Jay se quedó atentamente mirando las latas de conserva.
-¿Qué, les vas a hacer una prueba de ADN o te piensas llevar una para usarla de hucha? Las latas son tan sospechosas como un tubo de pasta de dientes.
-Ja, ja, qué graciosa, Kathleen. En realidad, estaba pensando una cosa.
-Adelante, Sherlock.
-Vamos a ver, si Gill y Cedric iban huyendo de alguien que los quería muertos, ¿de verdad se iban a arriesgar a dejar aquí un plano, una foto o cualquier pista que indicara que estuvieron aquí? ¿De verdad iban a dejar un rastro, por pequeño que fuese? ¿Y…
-… no es curioso que dejasen aquí unas latas de comida, que encima ni siquiera se han oxidado después del tiempo transcurrido?- terminó de relatar Kathleen.
-Sí, eres una chica lista, Kath. Con todo esto podemos deducir que hay alguien aquí que es quien ha dejado la leña, la manta, la fotografía y las latas de conserva.
-Pero… Yo estaba segura de haber visto a los chicos de la fotografía y a la manta antes.
-Sí, y yo estoy seguro de haber visto a los chicos de la foto con la manta aquí en la cabaña. Además, el rubito llamaba “Gill” a la chica.
-¿Entonces?
-Tal vez haya alguien que quería que encontráramos estas cosas.
-¿Estás insinuando…?
-Sí, no sé si para bien o para mal, pero quien dejó aquí estas cosas conocía a Gill y Cedric, y también a nosotros. Así que, mejor deberíamos buscar al habitante de la cabaña.
-Mejor, deberíamos irnos. Este sitio empieza a darme mala espina.
-Después de ti- y Jay le hizo un gesto caballeroso que resultó bastante cómico, para indicarle que saliera.
Por el camino, ninguno de los dos habló demasiado. Se encontraban a varios metros de distancia, para evitar cualquier acercamiento. Kathleen iba preocupada, pensando en los nuevos descubrimientos que estaba realizando, mordiéndoselas uñas. Jay, aunque también sentía cierto recelo hacia su nueva faceta de detective, estaba encantado solo por poder observar a Kath tan de cerca.
Cuando quedaban doscientos metros para llegar al Internado, Jay decidió sacar conversación:
-Si te sigues mordiendo las uñas creo que acabarás comiéndote un dedo- le dijo él, con un leve tono de risa en su voz.
-Gracias por el consejo, Doctor Dennison, ¿algo más?- le contestó, frunciendo el ceño, ella.
-Sí: cuando no te enfadas estás más guapa.
-¿Estás insinuando que ahora estoy fea?
-Oh, no, claro que no. Me pareces preciosa en todos los estados de ánimo.
Kathleen podía notar cómo se subía el rubor por sus mejillas.
-Jay, gracias pero…
-Es cierto, olvidaba que tu corazón ya está ocupado. Tranquila, pero no se lo cuentes a tu novio, no quiero que me mate por hacerte un cumplido.
-No tengo novio- el rubor seguía subiendo.
-Pero sí estás enamorada, ¿no?
-Sí, enamorada de t…
-¿¡QUÉ HACEN FUERA DEL INTERNADO A ESTAS HORAS!? ¡LA HORA DE LOS PASEOS TERMINÓ HACE YA VEINTE MINUTOS! ¡LOS DOS AL DESPACHO DEL DIRECTOR, AHORA!- les cortó la voz electrizante de Ida Applewhite, a veinte metros de donde caminaban ellos.
Ida tenía un poco de sobrepeso, que no sabía disimular muy bien con aquellos vestidos horteras y baratos de tiendas de segunda mano. Creía que el maquillaje cutre y brillante borraba sus marcadas arrugas. Siempre hacía un ruido horrible al chocar sus tacones con el suelo, y su voz tenía el mismo timbre que un pito de árbrito. Pero lo que más odiaban Jay y Kathleen de ella era que tenía el mismo y asqueroso talento de Abby para interrumpir.